Algo de poesía personal

(1993-1998)

Síntomas de Desamor |  Propuesta | Requiem Adamo-Cardenal a tu rechazo

| Soneto Borgiano. Una mañana de 1649 | Requisitos | De vez en cuando

| Boricua | Las Uvas | Amenazas | El poeta | Petición

| Problemática poética | Dólares | El desierto | Las peleas | Domingo de mañana

| New York I | New York II | New York III | Te besé en Broadway

Diez poemas para Mayra

 


Síntomas de Desamor

El desamor se manifiesta

en dolorosa y tediosa pérdida del sueño,

desaparición absoluta del apetito sexual

interrumpida a veces por pasionales noches

de sexo desenfrenado a lo que luego siguen,

inevitablemente, las sábanas del silencio y

la letanía de la almohadas. El rechazo.

También se hace presente en ocasiones

esas ganas de romperlo todo

para luego volver a pegarlo a pedacitos.

Podríamos identificar también la falta de apetito,

la sed constante (resulta inútil intentar saciarla),

las ropas son claras u oscuras, pero siempre las mismas.

Crece el cabello y uno no se rasura en días,

se camina más, pero se sale menos.

Pero por sobre todo se observa inútilmente el teléfono.

Dolor de estómago. Diarrea ocasional.

Sudor, fiebre interna, dolor de pecho,

respiración a ratos difícil, sueño.

Dolor de rodillas, reumatismos varios,

auto recriminaciones a granel,

dolor de ojos y labios resecos. Hipo.

Duchas más largas pero menos prolijas.

Por último, el cepillado de dientes

conlleva una leve intención autodestructiva.

 

 


Propuesta

Te propongo me regales un beso

es una propuesta simple, clara y sencilla

me harías feliz. Prometo discreción,

o todo lo contrario, si así lo quieres.

Eso si, me reservo el derecho

de reiterar la propuesta en el futuro,

modificarla, ampliarla o circumscribirla

a circunstancias y momentos determinados.

Me miras y sonríes

Elige, entonces, entre la tregua de Benedetti,

la grandilocuencia de Neruda, o las amenazas verbales de Cardenal.

Tu decides, es sólo cuestión

de que me lo indiques de alguna forma.

Hasta Bécquer, si tu así lo quieres.

 

 

 


Requiem Adamo-Cardenal a tu rechazo

Acabo de guardar todos tus regalos

en la eterna cajita de amores mierda.

Igual que inicialmente con todos los otros

la esperanza motivó la poesía pura.

Nunca antes me desperté de madrugada

a escribir poemas (duermo con una pluma junto a la cama)

Niego por gallardía y honor haber mojado la almohada.

Niego incluso haber vuelto a decir tu nombre

(tu nombre, el emblema, el más bello poema

no saldrá jamás de mi boca)

Ese será mi castigo.

Seré el más cursi y el más vengativo.

Daré rienda suelta al odio

Como Dios, derramaré el vaso del furor de la ira

sobre ti .

 


Soneto Borgiano. Una mañana de 1649

Desde hoy en adelante tu nombre está prohibido.

Lo dijo tu misma boca. No directamente, es cierto.

No usaste palabra maldita. No hacía falta. Verduga voz

directa y certera, tu voz es clara, la intención precisa

Tu voz, lo dije un día, traía en el aire, reminiscencias

leves de muerte. Ignoré la premonición. Reiste.

Me acaba de despertar un ruido perturbador. La calle.

El hades. Mi cama patíbulo. Guillotina las palabras.

Amanece en Nueva York, el paredón y el alba.

Tu pelo, ojos negros fueron advertencia también omisa

Al despertar tu nombre escapo suave de mi boca. Lo oí.

Sonrío levemente. Olvido. Lo he hecho tantas veces.

Indiferente no me infama el patíbulo. Tu no eres juez.

 

 


Requisitos

Para enamorarme de ti necesitaría

un río casi seco en verano del sur,

tres sonrisas y dos carcajadas,

dos flores silvestres blancas,

y tu atención incondicional por cinco minutos.

Para llegar a odiarte, en cambio,

basta la negación de tu mirada,

verte sonreirle a otro,

o no encontrar tus ojos cuando busco.

 


De vez en cuando

Sé que no me recuerdas a diario

pero cuando lo haces

explotas en una sonrisa

y las veces que de eso me acuerdo

yo también río.

 

Hubiéramos salido a caminar

todos los domingos.

Y aquí estoy,

teléfono en mano,

sin atreverme a llamar.

 


Boricua

Te fuiste un domingo de abril

--nevó esa mañana,

sólo unos copos, temprano--

caminando

(calle State, al norte,

cerca de Marshall Field)

El mes más cruel.

Pero no te hagas ilusiones.

Ya no te quiero.

Sé que al final volverás

y sabrás donde encontrarme

y me encontrarás.

Allí estaré yo

con mis libros,

el teclado y la pantalla.

Pero no te hagas ilusiones,

no eres más que

una tormenta de nieve.

Volverás

y sabrás donde encontrarme

y allí estaré, y me verás,

y hablaremos,

y caminaremos por la calle

gris de esta ciudad gris

pero el amor

lo tendrás que ir a buscar

por las alcantarillas,

perdidas, oscuras,

ajenas.

 


Las Uvas

Recién me he comido

un racimo de uvas

entero.

Es que son chilenas

y me acuerdo de ti.

Salió el sol,

salió la luna...

ya esprimavera

y se están acabando

las uvas.

No sé por qué

te digo todo esto

si siempre que reviso

el correo

tu sabes lo que no pasa

siempre que reviso el correo.

 

 


Amenazas

Te voy a decir por última vez

estas palabras tristes.

Después ya no habrá poemas,

tal vez sólo algunos recuerdos

algunas noches de domingo

de algunos veranos calientes

sin poder dormir.

Te imagino los domingos de noche

durmiendo plácidamente

y yo aquí sentado

escribiendo,

pensando un poquito

nada más que un poquito

en tu rostro y tu sonrisa.

 

 


El poeta

Yo soy el poeta que vive solo,

el que conduce solo por las calles de la ciudad,

--creo haberme comunicado con algunos de ustedes

en ocasiones anteriores, no estoy seguro--.

Hace miles de días que vivo en estos parajes,

he visto la nieve y las hojas de otoño caer,

he visto las aves volver y he visto cuerpos desnudos

durmiendo en la playa en los veranos calientes

(he visto también, esos mismos veranos,

una ciudad que arde de calor,

y los niños de las poblaciones regándose y mojándose

entre el asfalto y los altos edificios sucios y grises).

 

Hace tres días que he caminado entre hambrunas,

muerte, violencia, soledad y televisión.

hace seis horas que no gozo bocado,

hace veintidos noches que no duermo (exagero)

un mes sin hacer el amor,

dos días sin ver el sol.

 


Petición

Dame tus mañanas y todas tus tardes,

dame los días de verano en el lago

--tantos años atrás-- los necesito.

Dame de vuelta esa sonrisa que te di

y ese poema que te escribí

en el periódico y te regalé.

Dámelo todo de vuelta.

Dame los cinco años de espera,

con todas sus noches,

dame tus dedos y mis días.

Déjame tranquilo,

no me hables más,

no me llames por teléfono,

(no contestes todas mis cartas).

Déjame solo aquí en mi cuarto

comiendo chocolate y mirando televisión.

Déjame con mis noches

y mis días de tren subterráneo sólo,

no constestes mis llamadas.

 

 


Problemática poética

axioma: Un buen poeta lee mucha poesía,

yo quiero ser un buen poeta,

yo debo leer mucha poesía.

problema: Hay ya demasiados poetas buenos en este mundo

como para poder leerlos a todos, están por ejemplo, Rimbaud, Neruda, Whitman, Borges, Veralaine, Baudeliere, Parra, Bukoswki, José Contreras, García Lorca, Victor Hugo, Jim Morrison, Cardenal, Becquer, Dalton, Darío --he evitado ser eurocéntrico, aunque reconozco no conocer poetas asiáticos o africanos--, intencionalmente dejé fuera a las mujeres (ya todos lo han hecho con anterioridad). El lector recordará muchos otros poetas, estoy seguro. Si uno se pusiera a leer a todos los poetas del mundo no le quedaría tiempo para escribir, súmesele a eso el trabajo y otras obligaciones.

solución: Reciclemos, pues, la poesía. No hagamos poesía nueva cada día, leamos solo tanto como estemos dispuestos a escribir. Y por favor, no publiquen nuevos libros, yo ya me pierdo en las enormes bibliotecas.

 

 

 


Dólares

Dólares, dólares,

dice la señora

y yo le digo

¡no, no!

y sigo caminando

por las calles de La Paz

con mi bolsa de pan y mortadela.

 


El desierto

El desierto es como los días

de invierno en Chicago.

 

El desierto es como tu corazón

y el altiplano como nuestras vidas

Y yo aquí en el camino

esperando

tu sonrisa simple

y tus ojos grandes.

El desierto tiene montañas de polvo.

Nuestro amor, creo,

es como el polvo.

 

En el desierto sólo habla el viento

y yo soy una flor

mientras espero

pacientemente como los demás

a que arreglen el maldito bus

que echándose a perder

me hizo acordarme de ti

por el viento, el polvo y el sol del desierto.

 

Miro piedras y polvo

y la carretera

y me acuerdo de nuestras peleas

de invierno

y de tus manos y tus ojos

y a lo mejor todos se acuerdan

de cosas similares

y por eso esbozan una leve sonrisa

cuando cruzamos nuestras miradas

esperando seguir, o las peleas de invierno.

 

El reloj avanza tan lento

y he repetido tantas veces tu recuerdo

que ahora creo haberlo inventado.

 

 


Las peleas

Y me preguntas por qué estoy callado

y no tengo nada que decir

y sé que me preguntaste

porque no tenías tampoco

nada más que decir.

 

 


Domingo de mañana

Los domingos de mañana

me levanto casi al mediodía

cocino pancakes

para el desayuno.

 

Veo un partido de

fútbol americano

juegan con cascos

y bajo la nieve de Minnesota.

 

Salgo a caminar esperando

llegue el domingo cuando por fin

pueda recordar

 

con nostalgia estos domingos

que ahora parecen

tan malditos.

 


New York I

Desde el campus

de la Universidad de Columbia

se ve el cielo azul sin nubes

Cinco aviones pasaron ya

sobre la plaza-foro

y el sol se esconde

detrás del horizonte

que no son sino los edificios

de ladrillo rojo ladrillo

y tejas color verdes.

New York

es un minuto

gigantesco

en una plaza

de palomas,

hot dogs

y amores

para toda una vida

que nunca podrán

cruzarse

en alguna de las

calles de la ciudad.

 


New York II

El subway en New York

está semidesierto.

Doy unos puntapies

contra una viga de metal.

Dos ratoncitos pequeños

juegan en los rieles.

Tú y yo somos ratoncitos

en medio de la basura de NYC,

atrapados en un verano

caliente y húmedo

tratando de hacer poesía

en museos y parques

en días de sol y lluvia,

y aquí estamos esperando

que llegue el tren del otoño

y nos salpique en pedazos

contra las paredes sucias

del maloliente subway

de New York City.

 


New York III

En New York

en realidad

no te necesito

y eso me da rabia y pena.

 

 


Te besé en Broadway

Te besé en Broadway

en el village;

pero fue mas por accidente

que por nada.

Te fuiste luego

en un taxi amarillo

hacia el sur

y yo a medianoche

con el calor

me quedé mirando las luces

del World Trade Center.

Te llamo, me dijiste,

y a lo mejor llamas

cuando no estoy

y suena y suena

el teléfono

y te aburres de esperar

y te pierdes para siempre

y a mi solo me queda

tu sonrisa

subiéndote al taxi amarillo.