Diez poemas para Mayra
Patricio Navia (Mayo de 1997)
Mayra
Mayra
de mar, mujer,
mayo, de mí.
Eres de océano
tormenta, maremoto
caracolas circulares.
Mujer, tus cejas,
tu pelo desordenado
eres, pese a lo que digas,
tiernamente déspota.
Primavera, un poco de lluvia
voy a hablar toda la noche
como chilena, dices
como si fuera castigo.
Mayra, de mayo,
no me digas eso,
qué coquetería,
y hasta cuándo
espero que llames.
Te llamo, dices
Te llamo en quince minutos, dices,
y aquí estoy esperando
el reloj, el teléfono, el libro
que me niego a empezar, la lista
interminable de cosas que hacer.
Cuando pasa la primera media hora
pienso que te diré que no tienes
la más mínima credibilidad
y me alegra pensar en la excusa
que de seguro inventarás.
Te escribo un poema,
arreglo mi cuarto,
pongo en orden mi talonario de cheques,
reviso meticulosamente la correspondencia,
le pongo el botón que le faltaba a mi camisa,
escribo por fin tu nombre en mi libreta de números
y boto el papel en que lo anoté esa primera noche.
Te llamo en quince minutos, dices,
y yo me quedo dormido, pensando,
que cuando llames, al fin, te diré,
que no tienes la menor credibilidad.
Mensajes telefónicos
Le dedico
respetuosamente
este poema simple
de primavera y lluvia
a tu voz,
a la de los
mensajes telefónicos
que ya he escuchado
veintisiete veces.
Dos noches más
Dos noches más en Chicago
preferiblemente de verano
y después de la lluvia,
en la misma esquina que esa vez.
No te debí haber dejado,
para qué la dejaste ir,
dicen mis amigos.
Sólo dos noches más en Chicago.
A lo mejor uno de estos días
me encuentro el amor
en la cara de alguien más.
De seguro que un día de estos
preferiblemente en verano
me voy por ahí y te olvido.
Cookies
When I get sad
I eat cookies
pienso decirte
cuando vuelvas
y seamos felices.
Vas a levantar una ceja
y me vas a regañar por algo,
me río y anhelo que
me vuelvas a regañar.
Me vas a prohibir comer galletas
lo sé, cuando vuelvas.
La llamada telefónica
No sé hasta cuando voy a estar
en las noches mirando el teléfono.
No llamaste más,
no llamó más, les digo cuando preguntan.
Fue lo único que cumpliste a cabalidad.
Olvidos
¿Cómo se escribe entonces un poema del olvido
guardando la compostura que tanto me caracteriza?
Te dejo ir,
impotente y triste,
digno y varonil,
orgulloso, pecho en alto,
impávido,
o vivir con honor,
o morir con gloria,
en silencio, como O’Higgins,
y tu allá, caminando,
sin siquiera mirar atrás,
haciendo toda mi hidalguía
un intento vano.
Te vas a arrepentir
Te vas a arrepentir
de no ponerme atención
pese a las continuas
cartas que jamás entrego.
Te vas a acordar de mi
eso lo sabemos tú y yo.
Cuando llueva en verano
te vas a morir de pena.
Entonces a lo mejor
me vendrás a buscar llorando
a hablarme de la lluvia.
Entonces de seguro
me vas a buscar por fin
y, nada, poh, nada más.
Copyright
A veces
me gustaría
decirte cobarde,
pensarte menos
y no acordarme
cuando veo trenes.
Te pensé
esta mañana
y me reí
un poco.
Es buena la risa,
casi como oírte,
otra vez, en la contestadora.
A veces me gustaría llamarte y ya,
que todo fuera como nunca fue.
A veces hasta pienso
en comprarte alguna flor,
aunque ni sé si te gusten.
Los poemas son míos,
te dije,
me harán famoso,
y tú en cambio
ni te acordarás,
o peor aún,
estarás hasta contento
de que me haya ido bien
en la vida.
The Grand Scheme of Things
In the grand scheme of things
that’s irrelevant
sentenciaste esa primera vez.
Tus ojos, tu pelo desordenado
y tus cejas, por sobre todo las cejas,
no dieron lugar a dudas.
Hoy, sólo,
recordando esa noche,
mientras me alejo
sé que en el largo plazo
en el grand scheme of things
tu también serás irrelevante.
Quisiera irte a buscar
modificar el mentado
grand scheme of things.
Pero qué mas da,
la ciudad queda atrás,
y tu vas al baul de los recuerdos,
tú, tus dientes, tus dedos largos,
tus orejas, irrelevante,
en el grand scheme of things.