Carlos Pezoa Véliz

 

 Tarde en el Hospital

 Sobre el campo el agua mustia

cae fina, grácil, leve;

sobre el campo cae angustia:

llueve.

 

Y pues solo en amplia pieza

yazgo en cama, yazgo enfermo,

para espantar la tristeza,

duermo.

 

Pero el agua ha lloriqueado

junto a mi, cansada, leve;

despierto sobresaltado;

llueve.

 

Entonces, muerto de angustia,

ante el panorama inmenso,

mientras cae el agua mustia,

pienso.

 

 

 

Nada

 

Era un pobre diablo que siempre venía

cerca de un gran pueblo donde yo vivía;

joven, rubio y flaco, sucio y mal vestido,

siempre cabizbajo... Tal vez un perdido!

Un día de invierno lo encontraron muerto,

dentro de un arroyo próximo a mi huerto,

varios cazadores que con sus lebreles

catando marchaban... Entre sus papeles

no encontraron nada... Los jueces de turno

hicieron preguntas al gurdían nocturno:

éste no sabía nada del extinto;

ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.

Una chica dijo que sería un loco

o algún vagabundo que comía poco,

y un chusco que oía las conversaciones

se tentó de risa... Vaya, unos simplones!

Una paletada le echó el panteonero;

luego lió un cigarro, se caló el sombrero

y emprendió la vuelta...! Tras la paletada,

nadie dijo nada, nadie dijo nada!....